más alla de las caricias, atravezar los vientos
que disipan distancias para llegar hasta
la inmensidad del cielo azúl profundo,
donde las nubes grises y ocres,
dejan caer agua cristalina y fecundante,
saturando la piel con torbellinos que nos
llevan hasta la locura extrema, más allá del
tiempo y la razón.
A fuego puro se desnuda el alma,
y entre poesías, cantos y el aire fresco,
arde la llama que mi pecho guarda,
fulgor infinito que agita la vida,
callados, ebrios, sumergidos en
espumas estrelladas, que palpitan las entrañas.
Que los últimos luceros del crepúsculo
sean de rojo dorado, para ofrecer al sol
tu belleza cubierta de húmeda fragancia
y el beso de dos bocas que no pueden detener
sus desnudos pensamientos.
Acaricia mi despertar con el incesante aire,
irradiando la pureza del océano en el ir y venir
de las olas desvaneciéndose en la arena,
las centellas reluciendo la pureza de tus ojos
que son guía de mi errante caminar.
Consuelo.


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